Génesis: Capítulo 1, versículo 3: «Que se haga la luz». Ésta es la carga conceptual que encierra la lámpara 113. Una fría y gran pirámide isósceles que llena el espacio de serenidad. No utiliza cables y es energéticamente autosuficiente. Su energía se genera y almacena en su interior tras la interacción con una persona. Cada usuario produce la luz que desea con la dínamo interna. Sobre este concepto de la creación de la luz se ha trabajado la estética del producto. La lámpara apagada representa la nada. Es completamente negra y parece que esconda un secreto. Pero al encenderla, la oscuridad da paso a la luz, en un juego visual y conceptual que renueva la sensación del ambiente. Es una pieza interactiva, una transición de opuesto a opuesto. La atmósfera que la acompaña, la envuelve y cohabita, es tan importante como el propio producto. En estos tiempos no solo la correcta usabilidad es suficiente para garantizar la decisión de compra. Es imprescindible, pero no determinante. Los objetos pueden generar placer inconscientemente, fruto de la textura, del color, olor, sonido o significado. ¿Es un objeto funcional o una pieza artística? En realidad es lo que menos importa.
Rol: Director de arte, Copywriter, Diseñador gráfico & Diseñador de producto / Proyecto en solitario










